EL BAUTISMO DE ADULTOS Y NIÑOS
José Chery Jiménez

LO QUE CREEN PROTESTANTES Y FUNDAMENTALISTAS
Para estos grupos el Bautismo no es un sacramento, sino una ordenanza la cual no produce la gracia que él simboliza. Lo ven apenas como un acto simbólico; como una manifestación pública de la conversión de una persona, que debe ser adulta y haber vivido la experiencia de ”volver a nacer”, es decir, haber “aceptado a Jesús como su Señor y Salvador”. Sostienen que luego de la “aceptación” esa persona adulta ha ”renacido”, se convierte en un cristiano, ha sido elegido y su salvación es segura. Dicen ellos que luego de eso viene el Bautismo, el cual no puede por sí mismo asegurar la salvación, y que aquel que muere antes de ser bautizado, si ha sido “salvo”, de cualquier manera va al Cielo. Ellos sostienen que el Bautismo debe ser administrado sólo por inmersión, en un río. Para estos grupos sólo los adultos pueden ser convertidos, por lo que no es apropiado el Bautismo de infantes, porque estos carecen del necesario raciocinio para la previa aceptación de Jesús como un acto de fe. Para los fundamentalistas dichos niños pequeños todavía sin la capacidad de razonar, no importa lo que sea, están salvo. Para ellos cuando una persona alcanza la edad de raciocinio y ha pecado, sólo tiene que “aceptar a Jesús” para alcanzar el Cielo. Para ellos el uso de padrinos es innecesario.

LO QUE CREE LA IGLESIA CATÓLICA
Para la Iglesia Católica, en cambio, el santo Bautismo es un sacramento, sacramento de fe, capaz de infundir la gracia que hace el alma espiritualmente viva y capaz de disfrutar la gloria de lograr varias cosas: somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios; borra el pecado original, los pecados personales, y todas las penas que acarrea el pecado. El santo Bautismo es la manera de uno nacer de nuevo. Para la Iglesia nos convertimos en cristiano sólo después de ser ungidos durante el sacramento de la Confirmación. Por el Bautismo somos injertados en Cristo; significa unión con Cristo y participamos de su muerte y de resurrección. El Bautismo es necesario para la salvación. El Bautismo es la base de toda la vida cristiana, la entrada a la vida en el espíritu; por medio del Bautismo recibimos la Justificación, la Santificación y la Salvación; el Bautismo es el sacramento que nos lleva a los otros sacramentos. El Bautismo nos sella, nos consagra a Dios haciendo de nuestros cuerpos “templos del Espíritu Santo” y nos inscribe en el libro de la vida.

Los niños pequeños necesitan también el nuevo nacimiento por el Bautismo para ser liberados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios a la que todos estamos llamados. Es una disposición de Dios el bautizar a los niños. En cuanto al uso del agua, los católicos creemos que puede ser por inmersión o ablusión, acción de derramar agua en la cabeza y, en caso de emergencia extrema, por aspersión la cual consiste en rociar con agua. También creemos que los padrinos están llamados a desempeñar un rol importante en la crianza del bautizado en la fe cristiana.

REFLEXIONES:
Primero empecemos por definir la palabra española bautismo. Esta se deriva de la palabra griega bapto o baptizo, que significa: “lavar”, “sumergir”, “zambullir”, “hundir” -en el agua-. Por lo tanto, significa que lavar es la idea esencial de este sacramento. El Bautismo fue instituido por Cristo:”Vayan, pues, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28,19-20). Y él mismo, aun libre de todo pecado, se sometió al Bautismo: “De este modo respetaremos el debido orden” (Mateo 3,15).

Revisemos los diferentes argumentos de esos grupos y nuestros:
Ellos afirman que por haber aceptado a Cristo Jesús como su “Señor personal y Salvador” han “nacido de nuevo”. Para justificar esto, ellos citan a Juan 3,3-5: “Jesús le contesto: En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.” Nicodemo le dijo:” ¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?” Jesús le contestó: “En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.” Pero en este pasaje el Señor no dice que hay que aceptarlo como su “Señor personal y Salvador” para nacer de nuevo, aunque ellos quieran así entenderlo. Aquí las palabras de Jesús significan que el santo Bautismo es la manera de uno nacer de nuevo.

Según ellos, cuando uno dice “la oración del pecador” y acepta a Cristo como “Señor y Salvador personal” ha “nacido de nuevo”, y para justificar esta posición refieren a Romanos 10,9-10. Bueno, vamos a leer lo que dice San Pablo en Romanos 10,9-10:”Porque te salvarás si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. La fe del corazón te procura la verdadera rectitud, y tu boca, que lo proclama, te consigue la salvación.” Primero, este texto no dice explícitamente que nosotros hemos “nacido de nuevo” al aceptar a Jesús, y segundo, al leer el versículo 8 del mismo capítulo vemos que más bien San Pablo se refiere a la fe y, aunque es necesario creer y profesar la fe en Cristo para ser salvo, este pasaje de ninguna manera descarta el papel del santo Bautismo. En el caso de adultos convertidos y niños en edad de razonar, la gracia inicial de justificación empieza con el regalo de fe, el cual de por si es inmerecido (cf. Efesios 2,8-9). Con nuestra obligada cooperación, esta gracia se intensificará y perfeccionará por medio del Bautismo. Nacemos de nuevo según la manera bíblica cuando somos bautizados por el agua y el Espíritu, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Entonces podemos merecer la recompensa de Dios (cf. Mateo 25; Gálatas 4,4-6; 1-6, 6,7-8; Romanos 2,6-10). Aunque confesando a Cristo es parte esencial de nuestro proceso de justificación, el Bautismo es el punto en cual recibimos la gracia de unión con Cristo. La primera profesión de fe la hacemos en el Bautismo y por este sacramento alcanzamos una nueva vida en Cristo. Entramos a formar parte del Pueblo de Dios. Respecto a nosotros como individuos, la salvación en un proceso que implica arrepentimiento, bautismo, crecimiento en la fe, aceptar a Cristo, perseverancia y fortaleza hasta el final. La salvación no es un evento que pasa en un momento, y ya. (cf. Marcos 16,16; Mateo 10,22; 24,13, Romanos 10,10; 1 Pedro 2,2, 2 Corintios 7,10). En Romanos 10,9-13, San Pablo realmente está hablando de la parte inicial de todo este proceso. La fe y la confesión son partes del proceso de salvación, y debemos perseverar en ambos. (cf. Mateo10, 22-33; Lucas 9,23; Hechos 13,43; Colosenses 1,22-23; 2 Timoteo 2,12; Apocalipsis 2,10) El Bautismo nos hace morir al pecado bajando con Cristo al sepulcro para una nueva vida. Hemos sido sepultados con Cristo y, por el Bautismo, somos insertados en el Cuerpo de Cristo, y no al decir la “oración del pecador”. “Como ustedes saben, todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte. Por este bautismo en su muerte fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva” (Romanos 6,3-4). “Todos se han revestido de Cristo, pues todos fueron entregados a Cristo por el bautismo” (Gálatas 3,27). “En el bautismo, como dice San Pablo en Tito 3,5, volvimos a nacer y fuimos renovados por el Espíritu Santo que Dios derramó sobre nosotros por Cristo Jesús, nuestro Salvador.” Por medio del Bautismo podemos entrar en el Reino de Dios, porque por medio de él se realiza en nosotros ese nacimiento del agua y del Espíritu. (cf. Juan 3,5) Logramos ser parte del cuerpo de Cristo, la Iglesia, no por nada biológico como es nuestro nacimiento físico, sino cuando “nacemos de arriba”, “del agua y del Espíritu”. En resumen, por la fe en Jesús y el Bautismo. El Bautismo es un baño por el Espíritu Santo que nos purifica, nos santifica y nos hace justos. (cf. 1 Corintios 6,11-13) Hemos sido incorporados a Cristo, hemos sido regenerados. Somos justificados por él. Participamos de la gracia de Cristo. Es una gracia. “Hemos sido lavados, santificados y rehabilitados” (1 Corintios 6, 11). A propósito, en ninguna parte de la Biblia aparece que uno tiene que recibir en su corazón a Jesús como su “Señor y Salvador personal”.

Los hermanos separados dicen que nosotros confundimos bautismo espiritual con bautismo del agua, y tratan de soportar su argumento refiriéndose a 1 Corintios 12,13: “Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un sólo cuerpo, ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos hemos bebido del único Espíritu.” Aunque esto es cierto pues como dice Juan 16,8: “Cuando venga Él (el Espíritu), rebatirá al mundo en lo que toca al pecado, al camino de justicia y al juicio”, no es menos cierto que el Espíritu Santo también usa instrumentos humanos para transmitir su mensaje. El apóstol San Pablo en Romanos 10,14 nos aclara esto: “…Pero, ¿cómo invocarán al Señor sin haber creído en él? ¿Y cómo podrán creer si no han oído hablar de él?” Lo mismo para con el Bautismo. Es una acción de gracia hecho por el Espíritu Santo por medio de quien bautiza. En Hechos 2,38, San Pedro proclama: “Arrepiéntanse, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo”.
También en Hechos 22,16, Ananías le dice a Saulo, quien ya en el verso 10 ha profesado su fe en Cristo:”Y ahora, ¿a qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su Nombre.” El Bautismo salva, y claramente lo dice 1-Pedro 3,20-21:”…me refiero a esas personas que se negaron a creer en tiempo de Noé, cuando se iba acabando la paciencia de Dios y Noé ya estaba construyendo el arca. Pero algunas personas, ocho en total, entraron al arca y se salvaron a través del agua.” El diluvio y el arca de Noé prefiguraban la salvación por medio del Bautismo. (cf. 1 Pedro 3,21)

¡Pero todavía nuestros hermanos separados, pero esperados, insisten!
Refieren que en Efesios 2,8-9 San Pablo dice:” Ustedes han sido salvados por la fe, y lo han sido por gracia. Esto no vino de ustedes, sino que es un don de Dios; tampoco lo merecieron por sus obras, de manera que nadie tiene por qué sentirse orgulloso.” Pero nosotros sabemos que aquí San Pablo describe el inicio de la gracia de salvación que empieza, que viene por medio del Bautismo. A pesar de que nadie debe ser bautizado más de una vez, sin embargo, cuando alguien conquistado por ellos, decide pertenecer a su religión o secta, de acuerdo sus normas, debe ser bautizado aunque haya sido bautizado anteriormente por otra religión. Para nosotros esto es pecado, porque el primer bautizo no puede ser deshecho. Cuando somos bautizados, una marca indeleble ha sido puesta en nuestro espíritu. Nadie ni nada, ni el peor pecado, puede borrar esta marca. ¡Una vez bautizado, bautizado está! Cuando el párvulo ha sido bautizado y llega al uso de la razón, ya no podrá, aunque así lo quisiera, denegar este bautizo y ser bautizado nueva vez por otra religión o secta. Sólo una vez podemos ser bautizados. San Pablo dijo: “Hay un sólo bautismo” (Efesios 4,4-5). De esto se deprender que cada vez que estos grupos protestantes bautizan a un católico, realmente el bautizo hecho por ellos ha sido en vano, y juntos, el que bautiza y el bautizado, han pecado. Por eso la Iglesia Católica no afirma que sea imprescindible que ella administre el sacramento, ya que reconoce el Bautismo de los protestantes como válido, y tiene una fórmula especial en caso del que administra el bautizo no está seguro si quien va ser bautizado, no lo ha sido antes. Se llama Bautismo Condicional: Si no estás ya bautizado, fulano, yo te bautizo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. (Libro de Oración Común 1928) A propósito, la Iglesia acepta que en caso de necesidad el Bautismo pueda ser administrado lícita y válidamente por cualquier persona que observe las condiciones esenciales, ya sea que esta persona sea un laico católico o cualquier otro hombre o mujer, no cristiana ni bautizada, hereje o cismático, infiel o judío. Estas condiciones esenciales son: si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. (Cf CIC can. 861, § 2) La Iglesia ve la razón de esta posibilidad en la voluntad salvífica universal de Dios (cf. 1 Timoteo 2,4) y en la necesidad del Bautismo para la salvación” (cf. Mc 16,16) CIC 1256. Porque hemos recibido el mismo Bautismo, nuestra Iglesia ve a todos los cristianos como hermanos en el Señor: “Los que nacen hoy en las comunidades surgidas de tales rupturas “y son instruidos en la fe de Cristo, no pueden ser acusados del pecado de la separación y la Iglesia Católica los abraza con respeto y amor fraternos… justificados por la fe en el bautismo, se han incorporado a Cristo; por tanto, con todo derecho se honran con el nombre de cristianos y son reconocidos con razón por los hijos de la Iglesia Católica como hermanos en el Señor” (UR 3).” CIC 818 Primero es el Bautismo, luego la Unción del Espíritu del Señor, Cabeza de Iglesia, que se derrama a sus miembros, que hace de nosotros “cristos”. (cf. Sam Cirilo de Jerusalén, catech, myst. 3,1) Amén.

¿EN EL RÍO?
Algunos grupos protestantes también sostienen que el Bautismo debe ser administrado sólo por inmersión, en un río. En defecto de éste, únicamente aceptan hacerlo en un tanque de agua. Sin embargo, en Hechos 2, 41 podemos leer que el día de Pentecostés fueron bautizadas unas tres mil personas en Jerusalén, donde, según sabemos, no hay ríos y con tanques hubiera sido muy dificultoso bautizarlos a todos. También tenemos los casos de Cornelio en Hechos 10,47-48, y del carcelero en Hechos 16,33. Se puede agregar que en ninguna parte de la Biblia se condiciona el Bautismo a su realización en un río. Entonces, siendo lo esencial e importante bautizar, esta acción puede y debe ejecutarse dondequiera que las circunstancias lo permitan. San Pablo mismo fue bautizado por Ananías en una casa y es poco probable que haya sido por inmersión en un tanque. (cf. Hechos 9,17-19)

Nuestros apreciados hermanos separados, no obstante afirmar el carácter simbólico del Bautismo, se aferran fuertemente a la tradición y no ejecutan el Bautismo si no es por inmersión, aun sea en un tanque de agua, proclamando con esto su apego literal a la tradición, apego este algo exagerado para un acto sólo ”simbólico”. Si todo esto tuviera que entenderse de un modo literal, entonces ellos debieran reconocer que un tanque o laguna no son apropiados para bautizar. Solamente un río sería el lugar apropiado para administrar este sacramento y, para más señas, debería ser el río Jordán. Lo que importa no es el cómo sino que se use agua. No. No debemos quitarle a ninguna criatura de Dios la oportunidad de recibir la gracia del Bautismo porque no tengamos un río, un tanque o una laguna al lado. Para recibir el Espíritu Santo después del Bautismo, no es necesario que sea en un río. El agua es sólo un símbolo. El agua es la sustancia universalmente usada para lavar, para limpiar y en el Bautismo se hace un uso alegórico de ella. No es, en realidad, el agua la que limpia el alma. Es el sacramento del Bautismo. Para recibir al Espíritu Santo después del Bautismo no hace diferencia que se esté en un río, o en un tanque, una casa o un templo católico. El Espíritu Santo sólo llega después de la invocación: Fulano, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Tal como pasó cuando el Cristo de Dios recibió su Bautismo. Dice la Palabra que fue después de él haber salido del río: “Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él” (Marcos 1,8-9). El Espíritu desciende y se posa en el corazón del bautizado. En el Bautismo, el agua es el símbolo, quien opera es el Espíritu Santo. Este signo o sacramento instituido por nuestro Señor en Su Iglesia no se trata sólo de lo exterior ni de ceremonias visibles, sino mas bien que depende de lo principal: las promesas, los misterios que por medio del Bautismo el Señor nos ha dado. Al renacer de nuevo del agua y del Espíritu, recibimos la virtud del Espíritu Santo, que hace en el alma lo mismo que el agua hace en el cuerpo. No podemos entrar en el reino de Dios sin ser regenerados con el agua viva, es decir, con el Espíritu. Durante varios siglos no hubo Nuevo Testamento para los cristianos, sino hasta el concilio de Cartago en el año 393 D.C. La Didaché o enseñanza de los Doce Apóstoles, fue escrita entre el año 65 y el año 80 D.C. y fue altamente apreciada por los primeros padres. Ella da puntos de vista interesantes sobre las prácticas de la Iglesia en los comienzos: ”Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente; si no tuvieras una ni otra derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Podemos concluir diciendo que la Biblia nos presenta varias formas de bautizar y nuestro Derecho Canónico nos confirma esto: ”El Bautismo se ha de administrar por inmersión o infusión, de acuerdo con las normas de la Conferencia episcopal” (c. 854).

LA FÓRMULA
Esos hermanos de congregaciones distintas a la nuestra aducen que al bautizar, la forma correcta de empezar es ”En el nombre de Jesucristo”. Nosotros, aunque admitimos que desde el principio se usaron varias de ellas como las que encontramos en Hechos 2,38: “En el nombre de Jesucristo”; Hechos 8,16: “En el nombre de Jesús”; Hechos 10,48: “En el nombre del Señor Jesús”; Hechos 19,5: “En el nombre del Señor Jesús”, decimos sin embargo, que la fórmula discursiva que ha predominado fue la que San Mateo testificó como dada por el propio Jesucristo: ”Vayan y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo”. Bautizar en el “nombre de” significa que la persona bautizada pertenece a la Trinidad de personas cuyos nombre han sido invocados durante el Bautismo. Y aunque algunos grupos cristianos insisten en usar la fórmula ”en el nombre de Jesucristo”, por ser a su juicio, la más antigua, la Iglesia Católica entiende que la fórmula correcta es la reportada por San Mateo, tanto por haber sido mandada por el propio Jesús, como por ser más incluyente, es decir, incluye a la Trinidad Divina.
La Enseñanza de los Doce Apóstoles-65 años después de Jesucristo-nos sirve de buena referencia: “Bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua. Si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua tibia. Derrama tres veces agua sobre la cabeza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (capítulo 7).

EL BAUTISMO DE NIÑOS
Los respetados hermanos separados afirman que el Bautismo no es apropiado para los niños por carecer estos del discernimiento necesario. Por eso, según ellos, sólo personas adultas deben recibir este sacramento. Examinemos esto partiendo de lo que postula a este respecto nuestra Iglesia y luego veamos algunos pasajes de la Biblia que tocan este asunto y además convendría ver qué dice la Tradición de los Apóstoles.

En el “Catecismo de la Iglesia Católica” (1250) leemos: “Puesto que nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios (cf. Colosenses 1:12-14), a la que todos los hombres están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el Bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento” (cf. CIC can 8867; CCEO ca, 681; 686,1).

En un inicio la gran mayoría de los bautizados eran adultos. No era posible de otra manera porque era una Iglesia de convertidos. Pero ya desde entonces era costumbre bautizar ”casas enteras”. Veamos algunos pasajes de la Biblia que confirman clarísimamente la posición de la Iglesia. En Hechos 2,38-39 leemos: “Pedro les contestó: “Arrepiéntanse, y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo. Porque el don de Dios es para ustedes y sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aun cuando se hayan alejado.”
Luego tenemos Hechos 16, 14-15: “Una de ellas se llamaba Lidia, y era de las que temen a Dios. Era vendedora de púrpura y natural de la ciudad de Tiatira. Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que aceptase las palabras de Pablo. Recibió el bautismo junto con los de su familia, y luego nos suplicó: “Si ustedes piensan que mi fe en el Señor es sincera, vengan y quédense en mi casa.” Y nos obligó a aceptar.”
Pero tenemos más: Hechos 16,32-33: “Le anunciaron la Palabra del Señor a él y todos los de su casa. El carcelero, sin más demora, les lavó las heridas y se bautizó con toda su familia a aquella hora de la noche.”
En relación a San Pablo y su experiencia bautizando, veamos 1 Corintios 1,14-16: “Doy gracias a Dios de no haber bautizado a ninguno de ustedes, a excepción de Crispo y Gayo, pues así nadie podrá decir que fue bautizado en mi nombre. Perdón también bauticé a la familia de Estéfanas. Fuera de éstos no recuerdo haber bautizado a ningún otro.”

Para analizar el uso del término familia, tomemos Hechos 16,15: “Recibió el bautismo junto con los de su familia…” Es lógico pensar que al referirse a familia podemos inferir que esta familia estuviera formada por niños, además de un esposo. Si no hubiera habido niños en la familia, Pablo se hubiera referido a Lidia y su esposo. Como también es posible que esta familia estuviera formada además por abuelos, primos, tíos, etc.
Pero generalmente cuando se usaba el término familia, los de su casa, o los suyos, se referían a esposo, esposa y los hijos de estos. Estos términos podrían incluir servidores y esclavos con sus respectivos hijos, si la condición económica de la familia así se lo permitía. Revisando la Biblia encontraremos como se conecta familia y niños. Esto podemos confirmarlo a leer los versos que se encuentran en Génesis 18,19: “Pues lo he escogido para que ordene a sus hijos y a los de su raza después de él, que guarden el camino de Yavé y vivan según la justicia y haciendo el bien, para que Yavé cumpla con Abraham todo lo que le ha prometido.” También podemos leer Génesis 31,41; 36,6; 47,12; Número 18,11; 1 Crónica 10,6; Mateo 18,29; 1 Timoteo 3,12. Otros pasajes mencionan familias que han sido salvadas. En Lucas 19,9 leemos: “Jesús pues, dijo con respecto a él:”Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham…” También podemos leer más de esto en Hechos 11,11- 14; 16, 31. Los católicos no reclamamos que estas citas prueban de una manera contundente que la Biblia enseña el Bautismo a niños, sin embargo al leerlas podemos inferir que los niños también fueron objetos del Bautismo junto a sus familias.

Aquellos hermanos dicen que el Bautismo de niños es inútil porque la gracia viene sólo cuando uno acepta, a plena conciencia, a Jesús como único Señor y Salvador, acción ésta que es propia de personas adultas. Nosotros, como ya se ha evidenciado, creemos que la salvación viene a través de la infusión de la gracia del Espíritu Santo y esto pasa precisamente inmediatamente del momento del Bautismo. El Bautismo es un baño por el Espíritu Santo que nos purifica, nos santifica y nos hace justos. (cf. 1 Corintios 6,11-13) Por medio del Bautismo podemos entrar en el Reino de Dios, porque por medio de él se realiza en nosotros ese nacimiento del agua y del Espíritu. (cf. Juan 3,5 Ellos agregan como razón para no bautizar a los niños el hecho de que éstos no saben lo que está ocurriendo; que no son capaces aún de profesar la fe que, según ellos, requiere el Bautismo. Les respondemos que para ser salvo no necesariamente debe uno saber lo que pasa. De ser así las personas con problemas mentales, por poner un ejemplo, estuvieran destinadas al infierno porque no pueden creer. En la Biblia podemos encontrar hechos donde los beneficiarios no mostraron fe antes de recibir la bendición del Santísimo. Por ejemplo la resurrección de Lázaro (cf. Juan 11). Así como en Mateo 12,22: “Algunos le trajeron un endemoniado que era ciego y mudo”. También vemos que pasó lo mismo cuando el Maestro sanó a un paralítico. (cf. Marcos 2, 1-12) Cuando oramos por un infante en caso de enfermedad, lo hacemos creyendo que la sanación es un milagro que procede de la santa voluntad de Dios. Lo mismo pasa con el Bautismo, el niño no necesita entender lo que pasa, porque es en su espíritu que obra la voluntad del Santo Inmortal, nuestro Dios. Es un regalo de Dios. Gratuito, así como lo es el nacer, que se produce sin que intervenga nuestra decisión. Lo mismo ocurre con el nacer de nuevo; se da por gracia de Dios. La fe que tienen los padres es más que suficiente para bautizar a los niños. Podemos ver algo de esto en Hechos 16: 16, 31-33: Le respondieron: “Ten fe en el señor Jesús y te salvarás tú y tu casa”. Y le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. En aquella misma hora de la noche el carcelero los tomó consigo y les lavó las heridas; inmediatamente recibió el bautismo él y todos los de su casa”. Debe permitírsenos suponer que el carcelero tenía al menos un vástago aún pequeño. Los niños bautizados no ejercen fe, son los padres, en obediencia a Jesucristo, que junto a la administración del rito bautismal por los representantes de Cristo, quienes le dan validez al acto. Es cierto que Jesús estableció la instrucción y la fe para un adulto convertirse. Bueno, primero esto claramente se refiere a adultos, y segundo en su ley general como necesidad del Bautismo para la salvación (cf. Juan 3,5) Él no puso ninguna prohibición en lo relacionado al Bautismo. En todos estos versos citados no se dice que sólo los adultos se bautizaron. Veamos lo que el Maestro proclamó: “Jesús le contestó: “En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios” (Juan 3,5). Estos versos citan la necesidad del Bautismo para la salvación, y que no hay ninguna prohibición para los niños recibirlo.

Cristo concedió también a los niños el derecho de entrar al Cielo:
“Entonces trajeron a Jesús algunos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos. Pero los discípulos los recibían mal. Jesús les dijo: “Dejen a esos niños y no le impidan que vengan a mí: el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.” Jesús les impuso las manos y continuó su camino” (Mateo 19,13-15). Así Cristo lo proclamó. Estos versos aplican a niños en general. Nuestra Iglesia nos llama a no impedir que los niños, aún los infantes, vengan a Cristo por el medio del don santo del Bautismo.
¿No es verdad que Jesús abrazaba a los niños y los bendecía? Jesús no esperaba que los niños estuvieran conscientes y pidieran este amor.
Entonces, ¿por qué privar a nuestros hijos del Bautismo por medio del cual pueden alcanzar la gloriosa promesa del Reino de los Cielos?

Nuestros queridos hermanos separados no aceptan la relación entre el dulce trato de Cristo a los niños y el Bautismo. Pero, si Cristo quiso entonces que los niños llegaran a él, ¿por qué no seguir permitiendo ese acercamiento bautizándolos? Aclaran estos hermanos que cuando Cristo dijo: ”Dejad que vengan a mí”, se refería a niños que ya caminaban y no a bebés. Esta palabra significa que se acerquen, más que caminar. Y eso es precisamente lo que hacen los padres cuando deciden bautizar a sus hijos menores, acercarlos a Jesús. La Iglesia Católica concede la gracia del Bautismo a todos los niños, pues ellos, también, son merecedores de la gracia del Espíritu Santo que el Bautismo trae consigo.
También estos grupos alegan que los niños no necesitan el Bautismo porque de ellos es el Reino de los Cielos. Jesús nunca dijo que “de los niños es el Reino de los Cielos”. Lo que Jesús realmente dijo es algo muy diferente: “Mas Jesús llamó a los niños, diciendo: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis; porque de los que son como éstos es el Reino de Dios” (Lucas 18,16). El uso del término “de los que son como ellos” se refiere a los que “son semejantes a ellos”. Jesús no está hablando de una “condición” sino de “disposición”. Cristo dice, que el Reino de los Cielos es de “los que son semejantes” a los niños.

Dicen nuestros hermanos separados que si nosotros bautizamos a los niños, entonces porque no lo dejamos participar de la Cena del Cordero.
Aunque esta costumbre fue descontinuada, antiguamente se hizo así en la Iglesia, así lo atestiguan escritores eclesiásticos, como San Cipriano y en San Agustín. Y es entendible que así fuera, porque el Bautismo indica nuestra regeneración y nacimiento espiritual por la que somos dignos de llamarnos hijos de Dios y podemos clamar a Dios diciendo: “Abba-Padre” que significa “Papito”. La forma del Bautismo no pone barreras a la edad, mientras que la Eucaristía nos exige discernir el cuerpo del Señor, examinarse y probarse, y anunciar la muerte del Señor (Lucas 22, 19). “Pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Corintios 11,28). Es menester, pues, que preceda el examen, lo cual no pueden hacer los niños. Y: “El que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11,29).
“Haced esto en memoria de mí”, ¿qué quiere decir? ¿Qué quiere decir la conclusión del Apóstol: “…cada vez que coman de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que”? ¿Cómo podemos pedirles recuerdo a los niños respecto algo que nunca han entendido? ¿Cómo podrán anunciar la muerte del Señor, cuando ni siquiera saben hablar? Pero no, el Bautismo no exige ningunas de estas cosas. Esta misma diferencia existió en el Antiguo Testamento entre el signo de la circuncisión, el cual es claro corresponde a nuestro Bautismo, que se aplicaba a los niños (Génesis 17, 12); pero el cordero pascual no se daba a todos, sino sólo a los niños que eran capaces de preguntar qué significaba este rito (cf. Éxodo 12,26).

Para ellos los niños no tienen derecho a ser bautizados. Los niños, para bautizarse, deberían arrepentirse de sus pecados. A lo que nosotros replicamos: los niños no tienen ningún pecado personal por eso no necesitan arrepentirse para ser bautizados. El arrepentimiento es necesario solo para los adultos que han cometido dichos pecados. A lo que ellos contestan: entonces los niños no necesitan el Bautismo porque no han pecado. Bueno, revisemos esto. Cuando nuestros primeros padres, Adán y Eva pecaron, tanto ellos como nosotros perdimos la Amistad con Dios. Romanos 5,12-19 nos explica claramente el por qué. Este es el pecado original y mediante el bautismo se borra esta herencia. Otra buena referencia de que somos pecadores de nacimiento podemos encontrarla en Salmo 51, 7:” Tú ves que malo soy de nacimiento, pecador desde el seno de mi madre.” Al adulto se le perdonan tanto el original como los pecados personales (cf. Hechos 2,38). El niño como no tiene entendimiento no tiene pecados personales, por consiguiente por medio del Bautismo se le borra el pecado original. El Bautismo es un antídoto contra el pecado original. Desde los inicios de la Iglesia, el Bautismo se entendió como un exorcismo. Y este entendimiento perdura hasta hoy. En la liturgia del Bautismo hay un rito de exorcismo: Renuncias y profesión de fe. Durante este rito no solamente el bautizado si es adulto, pero también los padres y padrinos renuncian a Satanás y hacen profesión de fe, y al mismo tiempo Satanás es expulsado por medio del Bautismo, sacramento por el cual se cumple el juramento, la promesa de nuestro Señor: “El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer, se condenará” (Marcos 16,16). Ya la marca del pecado original no está en nosotros. Satanás ya no tiene poder sobre nosotros. Amén.

El Bautismo es el signo de la Alianza del Nuevo Testamento, como la Circuncisión lo era para el Antiguo Testamento. En la práctica religiosa del pueblo del Antiguo Testamento, era obligatoria la circuncisión en los niños, y San Pablo establece claramente una relación entre Bautismo y circuncisión. “En Cristo recibieron una circuncisión no humana, no quirúrgica, que los despojó enteramente del cuerpo carnal. Esta “circuncisión de Cristo” es el Bautismo, en el cual fueron sepultados con Cristo. Y él fueron luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos” (Colosenses 2,11-13). Antes de Cristo, la Iglesia fue el pueblo de Israel. (cf. Hechos 7,38; Romanos 9,4) La circuncisión en los niños fue el sello de la Alianza que Dios hizo con Abraham. Y nosotros somos parte de esa Alianza. (cf. Gálata 3,14, 29) Además era un signo de contrición y futura fe. (cf. Romanos 4,11) Israel, el Pueblo de Dios, usaba la circuncisión en lugar del Bautismo. Y ellos tuvieron en la circuncisión la misma promesa de que nosotros somos dignos y que es: condición de Salvación, es morir al pecado y vivir una nueva vida, es perdón, es justificación, es santificación, es inserción en el Cuerpo de Cristo, y supone conversión. Por medio de este signo realmente recibimos el Bautismo del Espíritu Santo. La sucesión del Bautismo por la circuncisión nos da lo mismo que los judíos esperaban. Así que como la circuncisión, el Bautismo pertenece a los niños. El pacto de gracia en también fundamento del Bautismo. El Bautismo de los niños es un testimonio de su salvación, sello que confirma el pacto que Dios ha establecido con ellos. Tanto los niños como los adultos eran parte de esta Alianza. (cf. Génesis 17,7; Deuteronomio 29,10-12) De esta misma manera, el Bautismo es el sello de la Nueva Alianza en Cristo Jesús. El Bautismo significa el lavado de nuestros pecados, tal como fue la circuncisión. (cf. Deuteronomio 10,16, 30,6; Jeremías 4,4, 9,25; Romanos 2,28-9; Filipenses 3,3)

Los hermanos nos dicen que para que haya pacto, alianza, debe haber dos partes que pacten. No siempre es así. En el caso de los niños la fe, de los padres es suficiente. Veamos que dice la Biblia: “Esta es mi alianza que habéis de guardar entre yo y vosotros – también tu posteridad -: Todos vuestros varones serán circuncidados. Os circuncidaréis la carne del prepucio, y eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros. A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación” (Génesis 17,10-12). Otra cita muy buena: “Pues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente. De otro modo, vuestros hijos serían impuros, mas ahora son santos” (1 Corintios 7,14).

Todos estos versos les crean un gran problema a los protestantes que no creen en el Bautismo para niños. ¿Cómo podrán ellos explicar que estos versos nada más se refieren a adultos? También se refieren a niños, quienes quedan incluidos en los pactos o alianzas.
Los hermanos protestantes dicen que la Iglesia Católica se inventó el asunto del Bautismo de niños. Nosotros decimos que no sólo la Santa Escritura no lo prohíbe, sino que lo indica y además forma parte de la Tradición Apostólica. Por ser una costumbre que viene de la Tradición recibida de los Apóstoles, La Iglesia introdujo la práctica del Bautismo de niños desde los primeros tiempos. Orígenes (siglos III y IV) y San Agustín (siglos IV y V). También es bueno mencionar que tanto Martín Lutero como Juan Calvino, los padres de la reforma, fueron defensores y practicantes del Bautismo de niños, De hecho, no sólo la Iglesia Católica lo realiza, sino también la Ortodoxa, la Anglicana y una buena cantidad de Iglesias evangélicas, entre las que están las Luteranas y Reformadas (Calvinistas). Revisando un poco su historia encontramos: Confesión de Augsburgo 1530 Artículo 9 (Iglesias Luteranas) El Bautismo: Enseñamos que el Bautismo es necesario para la salvación y que por el Bautismo se nos da la gracia divina. Enseñamos también que se deben Bautizar los niños y que por este Bautismo son ofrecidos a Dios y reciben la gracia de Dios. Es por esto que condenamos a los Anabaptistas que rechazan el Bautismo de los niños.” Confesión de Westminster 28.IV (Iglesias reformadas): “No sólo han de ser bautizados los que de hecho profesan fe en Cristo y obediencia a ÉL, (1) sino también los niños hijos de uno o de ambos padres creyentes.”

También afirman que como Jesús fue bautizado después de los 30 años, los niños no deben ser bautizados hasta no alcanzar la edad de raciocinio. Cristo se bautizó adulto y nosotros debemos imitar su ejemplo. Respondemos que el Bautismo practicado por Juan el Bautista no es lo mismo que el Bautismo instituido por Cristo. ¿Qué significado tiene el bautismo de Juan? Juan comenzó a predicar la penitencia y la confesión de los pecados para que la gente, con un corazón limpio, recibiera al Mesías que iba a venir pronto. Y lo hacía como Precursor de Jesús. Es verdad que Juan bautizaba a la gente adulta en el río Jordán. Pero el bautismo de Juan expresaba un cambio de vida, una verdadera conversión hacia Dios; significaba así una preparación para la venida del Señor. (cf. Marcos 1,3) Jesús también se hizo bautizar por Juan, aunque Él no tenía ningún pecado y por eso no necesitaba el Bautismo definitivo. Decía Juan: “Mi bautismo es un bautismo con agua y significa un cambio de vida, pero otro viene después de mí y es más poderoso que yo: El los bautizará en el fuego y en el Espíritu Santo” (Mateo 3, 11). Estos textos dejan ver claramente que el bautismo de Juan no es lo mismo que el Bautismo de los cristianos. El hecho de que Jesús se bautizara a los 30 años no indica que estamos obligados hacerlo así. La Biblia nos habla de tres tipos de bautismo: 1- El bautismo de Juan: El bautismo de Juan no es él mismo que el Bautismo de los cristianos. Este era el bautismo que Juan el Bautista daba para “conversión”, para “preparar el camino del Señor”, pero él mismo declara que su bautismo no era el que nos daría Jesús; que este sería en “fuego” (cf. Mateo 18, 3-4). 2- El Bautismo en agua de los cristianos (nacimiento del agua): Este nacimiento en agua trae la promesa del Espíritu Santo. Este Bautismo es dado en nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo a diferencia del bautismo de Juan. Por eso, recibimos el Bautismo en nombre de la Trinidad primero, y luego recibimos el Espíritu Santo. 3-El Bautismo en el Espíritu Santo (fuego o agua viva): El Bautismo en agua trae la promesa del Espíritu Santo que es este tercer Bautismo. Uno está íntimamente ligado al otro ya que uno es la promesa del otro. “…El replicó: “¿Pues qué bautismo habéis recibido?”–“El bautismo de Juan”, respondieron. Pablo añadió: “Juan bautizó con un bautismo de conversión…Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y, habiéndoles Pablo impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar” (Hechos 19,1-6).

Cuando Jesús se bautiza a los 30 años lo hace porque esa sería la señal de que él era el Mesías. Si Jesús hubiera querido darnos a entender que había que estar ser adulto para poder bautizarse se hubiera bautizado a los 12 años cuando Él y cada niño judío era considerado legalmente un adulto luego de celebrar su Bar-miztva. El bautismo que recibió Jesús no fue porque él se arrepintió. Tampoco fue para recibir el Espíritu Santo, lo tuvo desde siempre. El Señor quiso comenzar su predicación, y de paso fundar el Bautismo, que Juan había empezado a administrar. Así el Señor instituye el Bautismo con su propia doctrina, dándole mayor autoridad a esta institución, santificó el Bautismo con su cuerpo. También se refiere a Jesús identificándose como un devoto judío quien observa la Ley y las prácticas relacionadas con la vida de un buen judío. No estamos llamados hacer todo lo que Jesús hizo,
sino de hacer todo lo que nos manda, y entre otras cosas ¿qué nos manda Jesús? “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28,19).

Nos reclaman también los protestantes el hecho de que si tomamos la circuncisión como precursora del Bautismo, deberíamos bautizar solamente a los niños, no a las niñas. Les decimos que la circuncisión era un ritual que implicaba el retiro del prepucio. Les decimos que ellos deben entender claramente el significado de la circuncisión: el Señor con este signo demostraba la santificación de la posteridad de Israel la que servía lo mismo para las niñas que para los niños. Y la razón por la que no se les aplicaba a ellas era simplemente porque su sexo lo impedía. Sólo los varones tienen prepucio. Ellas participaban en cierto modo de la circuncisión de los varones, pues esta era mandato de Dios. Dicen los hermanos que los niños todavía sin la capacidad de razonar, que hayan muerto sin Bautismo, no importa lo que sea, están “salvos”. A este respecto Monseñor Alessandro Maggilolini, uno de los redactores del catecismo de la Iglesia Católica, escribió: ”Sobre los niños muertos sin bautismo, la Iglesia no puede sino confiarlos a la misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven”.

Dicen ellos que no pecan los padres de infantes si no los bautizan “cuanto antes”, después de haber nacido. Los católicos creemos que si nos descuidamos con la impartición del sacramento del Bautismo, estamos incurriendo en el pecado de privar a nuestros pequeños de la gracia que el mismo confiere. Debemos cuidarnos que no pecar (cf. Génesis 17,14) al menospreciar el marcar a nuestros hijos con la señal de la Alianza que nos beneficia, y la misericordia que nos he ofrecida. El actual Código de Derecho Canónico dice que los hijos deben bautizarse en las primeras semanas. (Nuevo Código de Derecho Canónico, nº 867,1) La Comisión Vaticana para la Doctrina de la Fe afirma que “sigue en todo su vigor la obligación de bautizar, cuanto antes, a los niños nacidos de padres cristianos normales; si bien actualmente por el avance de la medicina y por haber disminuido mucho la mortalidad infantil, esa forma de “cuanto antes” puede entenderse con mayor amplitud” Revista Ecclesia, 1770(7-II-76)7.
“Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto” (Juan 3,6-7).
Si un niño no está bautizado no ha nacido del Espíritu. Los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios (cf. Colosenses 1:12-14), a la que todos los hombres están llamados. (cf. CIC can 8867; CCEO ca, 681; 686,1).

LA TRADICION Y EL BAUTISMO DE NIÑOS
La Iglesia practica el santo Bautismo para niños casi desde los primeros tiempos. Tenemos referencia de ello desde el siglo II. Si nos remitimos a la Tradición allí encontramos que Orígenes (180-255) confirma que el santo Bautismo para niños realmente fue establecido por los Apóstoles (Carta a los Romanos, libro 5, capitulo 9.) Como parte de la práctica de la Iglesia Primitiva, encontramos inscripciones en las catacumbas que datan del primer siglo, algo que ha sido comprobado por la arqueología, y en estas catacumbas antiguas de Roma donde enterraban a los primeros mártires cristianos, leemos las inscripciones sobre las tumbas de los niños fallecidos. Una inscripción en una tumba dice:”Aquí descansa Arquilla, recién bautizada; tenía un año y cinco meses cuando falleció el día 23 de febrero”. En otra se lee: “Aquí está puesta Veneriosa, recién bautizada, que vivió seis años, finó el 8 de las idus de agosto.” También: “A Domisio inocente, recién bautizado, que vivió tres años, treinta días”. Estas son solo algunas de las inscripciones encontradas en las catacumbas referentes a niños muertos, pero previamente bautizados. San Policarpo, que murió en 155 d.C., en el momento de su martirio, cuando se le pide abjurar de su fe en Cristo, atestigua: “Hace ochenta seis años que le sirvo”, difícilmente podría haber dicho eso si no hubiera sido bautizado desde niño.
Más luego, San Ireneo (140-205) escribió: “Jesucristo vino a salvar a todos los que por su medio nacen de nuevo para Dios: infantes, niños, adolescentes, jóvenes y viejos” (Contra los Herejes, libro 2, Capítulo 22) En el siglo segundo existía la opinión entre ciertos católicos de que los infantes debían ser bautizados después de los ocho días de nacido; pero ya en el 252, el concilio de Cartago, condenó esta opinión. Podemos ver entonces que el problema a resolver no era si los infantes debían ser bautizados, sino en qué momento estos debían recibirlo. Desde el año 250, después de Cristo, Hipólito decía: “que se bautice a los niños. Si pueden responder por ellos mismos, que respondan. Si no pueden responder, que lo hagan sus padres o alguien de la familia”.

Nada en la Biblia o la Tradición prohíbe el Bautismo para infantes o niños. Es bueno destacar el hecho de que en los tiempos de Iglesia primitiva no aparece ningún escrito condenando el Bautismo para infantes o niños.

LOS PADRINOS
Otro tema polémico y que ha sido muy criticado por los ya varias veces mencionados hermanos en Cristo, es el relativo a los padrinos, que los católicos designamos para bautizar a nuestros hijos. Los hermanos separados basan sus objeciones en el hecho de no encontrarse referencia de ello en la Biblia. Es cierto; mas veamos algunas disquisiciones sobre este asunto:
La palabra padrino viene de la latina patrinus, a su vez una combinación de pater -padre-, e inus- semejanza-, o sea, semejante al padre, que con el tiempo el uso de la palabra padrino como “segundo papá” se ha hecho la costumbre. El padrino y/o madrina es para la presentación del candidato, y como una profesión de fe debe preceder al Bautismo (cf. Marcos 16,16), y los párvulos (niños pequeños) están exento de esto pues no pueden hacer tal acto de fe, entonces son los padres y padrinos los que lo hacen por los niños. Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es muy importante la ayuda tanto de padres como de los padrinos. Estos padrinos deben comprometerse a ayudar a los padres en la educación cristiana del neófito, y durante la ausencia de sus padres deben estar presentes. Deben estar prestos a ayudar al nuevo bautizado en su camino de la vida cristiana.

Debe ser un padrino y/o madrina, pero nunca dos padrinos o madrinas. Ha de ser católico, confirmado y haber recibido la primera comunión. No debe ser de conducta entredicha, y ser mayor de 16 años. Aunque de esto no hay referencia bíblica, lo que realmente Jesús ordenó fue el bautizo. La forma ha tenido que ver mucho con los lugares y los tiempos.

La práctica del compadrazgo tuvo tanto éxito y ha perdurado tanto, porque ha constituido un factor sumamente positivo para los católicos: Aumenta el número de personas adultas que participan de la educación cristiana y social de los niños; promueve una mejor calidad de las relaciones entre católicos, pues son conocidos el respeto y consideración que se desarrolla entre compadres de sacramento; aumenta los lazos familiares al interior de la congregación, pues los hijos y parientes de los compadres reciben también la benéfica influencia…Creemos válido atacar, criticar las cosas que nos empequeñecen como seres humanos, como hijos de Dios, no las que nos acrecientan. La creatividad es un don y un derecho de los cristianos de todos los tiempos y las creaciones positivas, como el padrinazgo y, consecuentemente, el compadrazgo, han fortalecido y acrecentado el legado de Jesucristo, en tanto van en consonancia con el divino mandato: ”Amad al prójimo como a ti mismo”. El padrinazgo fomenta el amor, une personas, previene la enemistad…

CONCLUSIONES
Como dijo Pablo VI: “Por la gracia del bautismo “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” somos llamados a participar en la vida de la Bienaventurada Trinidad, aquí abajo en la oscuridad de la fe y, después de la muerte, en la luz eternal” (Pablo VI, SPF 9). El Bautismo nos da la vida de gracia de Cristo, nos limpia del pecado original, el cual es un pecado contraído no cometido, y nos devuelve a Dios, aunque la inclinación al mal, la concupiscencia, persista en el hombre, por lo que siempre está en un combate espiritual. (cf. Efesios 6,10-17)

Lo acontecido con Cristo (cf. Mateo 3,16) nos enseña que después del baño de agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios (cf. San Hilario, Mat 2). Cuando Dios se hizo hombre se hizo también Hijo de hombre por lo que los hijos de hombres han podido alcanzar la gracia de convertirse en los hijos de Dios. Y es por medio del Bautismo que alcanzamos esa gracia de ser hijos de Dios. Por el Bautismo somos elevados a la dignidad del sacerdocio real. Cristo ha hecho “un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre” (Apocalipsis 1.6). “El Bautismo es el más bello y magnífico de los dones de Dios…lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todos lo más preciosa que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque, es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos); iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios” (San Gregorio Nacianceno, or. 40, 3-4). “La Iglesia se siente unida por muchas razones con todos los que se honran en llamarse cristianos a causa del bautismo…” (León XVIII; Pablo VI, discurso 14 diciembre, 1975).

Y es a causa del Bautismo que nosotros les llamamos a ellos, a esos cristianos llenos de bondad que polemizan de buena fe con nosotros, hermanos. Separados, pero esperados. Todos somos hermanos de Padre y Madre, aunque ellos aún no lo sepan…